NO VEAS NUNCA UN TRIANGULO
Martes, septiembre 30, 2008 at 8:00 am
Recuerdo cómo en los viajes en auto podía imaginarme cosas fantásticas que sucedían fuera. Podía ver enormes dinosaurios andando por el campo, algunos pastando tranquilamente, otros corriendo y cazando. Llegué a sentir miedo paralizante por monstruos que aparecían sorpresivamente sobre mi cama cuando abría accidentalmente los ojos a mitad de la noche. Cuando no tenía ningún juguete divertido, podía sentarme en el medio de mi habitación e imaginar por completo una aventura en la que volaba, o piloteaba una nave espacial en un planeta distante.
Existe un libro que a mí me ayuda a recuperar la imaginación: El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Un libro que preciso leer de vez en cuando, ya que cada lectura reaviva alguna llama menguante, y a su vez también revela nuevos sentimientos. Fue en uno de los últimos paseos por sus hojas que me recordé a mí en las palabras del autor.
En el primer capítulo, el aviador, retrocede a su infancia y cuenta su corta experiencia como pintor, cuando pintaba boas que digerían elefantes, algo que a él le aterraba, pero a los ojos de los grandes, no se veía más que un sombrero. Y a modo de explicación debió hacer su dibujo No. 2, la boa abierta, con el elefante a la vista de los ojos de los grandes.
Yo también tuve esa frustración de chico, cuando mostraba mi primer dibujo a todo el mundo. Algo que yo dibujaba casi instintivamente y antes que cualquier otra cosa, cuando echaba mano a un papel y algunos crayones. Aquí está uno de esos tantos dibujos, que hace poco encontré:
Recuerdo como si fuese hoy que nadie veía lo que era tan claro para mí. Todos respondían que no era más que un triángulo. Uno igual a cualquier otro. Nadie se asustaba como yo con esos dibujos. Si bien eran mis preferidos y casi mi obsesión, cuando terminaba de hacerlos los miraba con precaución, porque me resultaban impresionantes. Ese dibujo era, claramente, una ALETA DE TIBURON, seguramente feroz y hambriento, al que no podíamos ver en su total dimensión.
Claro que con el tiempo y al ser repetitivo, muchos ya me decían “Sí, es un aleta de tiburón”, pero por domesticación más que por imaginación. Yo a diferencia del aviador, nunca recurrí a un segundo dibujo esclarecedor, tal vez por obstinado, o simplemente porque no sabía dibujar tiburones enteros.
Dedicado a B.G.
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